En la antigüedad occidental, a través de la literatura homérica y la filosofía griega, la pasión se veía como un sentimiento excesivo y repentino, a menudo negativo. De hecho, podía conducir al gesto heroico de «furia» o «ira», al deseo de amor incontrolado, a la exaltación desenfrenada. Posteriormente, la pasión empezó a ser vista como enfermedad, como la urgencia incontrolable por parte del cuerpo que no podía ser controlado por el alma.